lunes, 1 de agosto de 2011

Los precios se mantienen pero nadie reclama por el peso y la calidad

Se ha vuelto una práctica cotidiana la forma en la cuál los precios de los diferentes productos de consumo diario se mantienen invariables o con muy pequeñas subidas, acompañada de una drástica reducción de los pesos y la calidad de éstos. Y lo peor es que a pocos parece importarles demasiado este asunto, excepto a quien los sufre.

Es cierto que la inflación de cualquier país se puede medir directamente entre otras cosas con el precio de los productos que consumen las personas. Si los precios se mantienen quién puede negar que no existe inflación. Si los precios siguen igual y en consecuencia aparentemente no existe inflación, que gran logro para los gobiernos de turno ¿verdad?

Se ha vuelto una constante perversa para la sociedad en la que vivo restregarte en la cara que no son posibles los aumentos del sueldo pues no existiría una razón para ello, al fin y al cabo, según el gobierno, el pan sigue costando lo mismo -o a subido mínimamente-, la ropa, el transporte, las verduras, entre otros, tampoco habrían subido de precio.

Pero, será esto cierto: ¿que las cosas no han subido?

Veamos algunos casos emblemáticos de lo que hablo: el pan ha sufrido reducciones importantes en su peso y en la calidad de sus insumos -a decir de algunos panaderos-, pero el precio se lo trata de mantener artificialmente sin variación. Esa la razón para que se siga ofertando por unidad y no por peso en las tiendas de barrio y mercados. Por que si se trata de comprarlo en los supermercados donde se lo cobra por peso, resulta innegable su incremento de precio, no sólo al doble sino al triple, e incluso más.

La ropa: cada vez es más recurrente ver vendedores callejeros que ofrecen artículos de vestir a precios módicos, su secreto: o es ropa usada, o son fabricados con materiales de ínfima calidad que duran muy poco.

El transporte: quién puede negar que mantener un vehículo de transporte público o privado no sólo implica el uso de gasolina, la cuál aúnque no ha subido de precio -por seguir siendo subvencionada- es sólo una parte de su costo de funcionamiento; ahí también están las diferentes partes del vehículo que requieren ser revisadas y si es el caso cambiadas periódicamente. Con los precios de los pasajes obligados a mantenerse, está claro que un transportista -más aún si es el dueño de su herramienta de trabajo- tratará de mantener negligentenmente en el mínimo sus gastos de operación, probablemente usando repuestos de menor calidad, usando soluciones caseras o haciendo reparaciones eventuales. Hasta que no ocurra un accidente con víctimas fatales, probablemente no se tomará conciencia de esta criminal actitud.

Pero incluso con esas artimañas ahora los transportistas ya no pueden seguir jalando de la cuerda y solapadamente están aumentando sus tarifas: quitando los remates, disminuyendo los tramos que recorren, cobrando más si es día domingo, feriado o de noche. En fin, buscando una manera de sobrevivir, y al mismo tiempo socapando para que el gobierno siga hablando de que los pasajes no han subido, vamos, que no hay inflación.

Y así puede seguir la lista con casi todo lo que un ciudadano común está obligado por natura a consumir o usar diariamente. Todo supuestamente sigue al mismo precio -o casi- pero en la realidad lo que consume y usa es en menor cantidad o de peor calidad.

Más allá del daño en la calidad de vida que esto representa. Sería bueno preguntarse si este tipo de actitudes no están engendrándo una cultura del engaño, del robo, la manipulación, de la realidad falseada. ¿Será que esto no afecta al colectivo y al individuo a corto, mediano y largo plazo? Si hoy son los alimentos, el transporte y los alimentos, sólo para citar algunos, que pasará a mediano o largo plazo con la atención en salud o la educación que se brinda. En fin, el tiempo y los efectos de seguro nos harán ver en que desemboca este tipo de conductas, tanto a nivel de los individuos cuanto a nivel del propio Estado. Pero me animo a suponer que no será nada bueno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

También te puede interesar