lunes, 4 de octubre de 2010

Democracia y elecciones

Democracia y elecciones son términos diferentes pero tan asociados que usualmente se asimilan el uno con el otro.

Es evidente que la democracia simboliza conceptual y doctrinalmente el hecho de que la sociedad se provee de un gobierno mediante algún mecanismo que proporcione la selección dentro de si de los que la puedan regir y gobernar para lograr la consecución de un objetivo común.

Cierto es también, que elecciones es el denominativo que se le da a aquellos actos colectivos por los cuales un grupo o la sociedad escoge dentro de un universo de opciones que se le proporcionan, y da como victoriosa a la que obtiene el apoyo mayoritario de los escogientes o mandantes.

Y es claro e indubitable para cualquiera que el instrumento que viabiliza y permite la existencia de la Democracia es precisamente, la elección.

Pero lamentablemente, tan importante y crucial acto, como lo constituye el electoral, ha sido objeto de múltiples manipulaciones a lo largo de la historia humana, y nuestra época no se ha librado de tales prácticas.

Como no puede ser de otra manera, dichas manipulaciones han generado dentro de distintos grupos de la sociedad, generalmente los perdidiosos, un sentimiento de engaño, una sensación de abuso y de manipulación de su voto. Un sentir y un pensar en fraude, en ocasiones fundado y acertado.

Debemos referirnos directamente a la fuente de la constitucionalidad, la ley fundamental, la Constitución Política del Estado, la cuál a pesar del constitucionalismo funcional que vivimos, sigue siendo la única que puede garantizar la vida organizada jurídica y políticamente de una sociedad. Y, por tanto, el referente con el cuál debemos realizar nuestras acciones y establecer los mecanismos eleccionarios que habrán de delinear los perfiles democráticos que se pretende lograr.

¿Pueden unas elecciones fraudulentas, garantizar que el ganador ha sido elegido democráticamente y ser en consecuencia, un gobierno constitucional, legal y por sobre todo legítimo?

No es un problema menor, sino por el contrario de fundamental trascendencia para la vida de los pueblos el que la democracia se sustente en elecciones sin tacha, pero eso en algunos países de latinoamérica es como pedir al perro que no ladre o que no tenga pulgas.

Siempre el ser humano estará buscando ventajas y privilegios por encima del resto, está en su naturaleza, en su esencia. Como Hobbes decía, el hombre es lobo del hombre.

Más, si democracia es el gobierno del pueblo y los resultados amañados en una elección no reflejan el sentir de un pueblo, seguirá siendo democrático el gobierno posesionado.

Ciertas sociedades que practican alguna versión Social Comunitario Democrática de democracia, señalan que desde sus bases hasta la cúpula, se ha pasado y se ha basado el sistema, en la elección y selección de individuos propuestos para ser votados. Sin embargo, olvidan decir estas “Democracias” que de antemano se ha depurado la lista de los que pueden ser electos, y se ha marcado el unipartidismo como pilar de ese modelo democrático. Entonces, no será este una especie de fraude pre-electoral?, cualquiera que viva en alguno de los tipos de Democracia prevalentes en el mundo -la directa y la representativa-, responderá afirmativamente. El sesgo que se da a los potenciales elegibles, introduce un elemento que desvirtua la universalidad y la pluralidad propias de cualquier régimen democrático, y hacen a esas elecciones fraudulentas. ¿Cuál será entonces el sello de democracia que se subroga dicha sociedad?

1 comentario:

  1. Sobre este tema, vea mi artículo "MÁS VOTOS MENOS DEMOCRACIA" en el blog LA REALIDAD DEL ECUADOR:

    http://realidadecuador.blogspot.com/2011/02/mas-votos-menos-democracia.html

    Saludos,

    Héctor Yépez Martínez

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